35 comentarios sobre “Joaquín Hernández

  1. Era mi héroe como profesor. En una ocasión contabilicé que Joaquín daba 30 horas de clase semanales. Cuando se le preguntaba por el momento de su jubilación, respondía: Y si me jubilo, ¿puedo seguir dando clase?
    Era un placer ver como impartía las clases de Estalmat y como contaba a los profesores las cosas que contaba los sábados. En sus clases seguía el mismo principio que cuando caminaba por el monte: lo importante no es la velocidad, sino llegar al final.
    Gracias por haber sido profesor de ESTALMAT Madrid durante 20 años.

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  2. ¿Y dices que si raíz de 2 es p partido por q, entonces yo puedo ser tú (¡qué gozada) y tú podrías ser el Papa? Pero,… que tú te quedas con la lógica Aristofélica (la de la feliz Arcadia). ¿Te das cuenta que en el Vaticano podrías ir con bata corta (¡pa eso serías Papa!) y tendrías siempre tiza blanca y pizarra,… ¡Pizarra!, (ya sabes que un burro lloraba cuando lo hacían obispo). Bueno,… ¿y a mí que más me da?. Cuando Quini dice que raíz de 2 es irracional para mí es como si hablara ex cátedra. Como siempre, un placer hablar contigo.

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  3. El trabajo y esfuerzo de recordar e revuelve mi estómago (2.71821828…….).
    Muchas gracias Joaquín por todo lo que nos has dado estos años. Simply the best.

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  4. Conocí a Joaquín hace algo más de veinticinco años, al poco de recalar en Madrid, y desde entonces mantuvimos una amistad entrañable y serena, sin el menor asomo de sombras, tropiezos ni desencuentros. Durante algún tiempo compartimos despacho, lo cual nos dio ocasión de charlar de todo lo divino y humano. En muchas ocasiones estuvieron él y Luisa en nuestra casa y en otras Carmen y yo en la suya. Las reuniones siempre eran alegres y divertidas. Incluso cuando ya le había alcanzado la enfermedad que habría de acabar con su vida, era él quien, con su inquebrantable cordialidad, mantenía alta la moral de sus familia y sus amigos.

    Siempre admiré en él su inmensa capacidad de trabajo y la cantidad de cosas en las que estaba metido. Alguna vez llegué a pensar si no tendría el don de la ubicuidad, porque calculando las horas que dedicaba al día a su trabajo y sus actividades, siempre volcadas hacia sus alumnos y sus compañeros, me salían más de veinticuatro. Nunca conseguí cuadrar las cuentas. Siempre haciendo cosas, nunca ocioso, siempre a punto. Si alguna vez llegaba a una reunión un poco tarde era porque venía de otra reunión de la cual se había tenido que marchar un poco temprano.

    Y paradójicamente, era perezoso para escribir. Era lo que podríamos llamar un matemático de tradición oral, como los antiguos trovadores. Porque eso era Joaquín, un trovador de las matemáticas, que lanzaba sus ideas al viento para quien las quisiera recoger, sin molestarse en ponerlas por escrito ni en reivindicar su paternidad. Por esta razón alguna vez llegué a ponerme serio con él. Hace ya algunos años me explicó una preciosa demostración que él mismo había descubierto, una demostración elemental de un teorema no elemental (ya no recuerdo cual), y le dije que tenía que ponerla por escrito y publicarla. Con esa vehemencia con la que hablaba, me dijo: “¡Hombre, claro que sí! ¡Cualquier día me pongo a ello!”. Hasta hoy.

    Pero ahora ya no importa.

    Todo esto no tiene ya ninguna importancia. Porque lo que queda escrito de alguien, por bueno que pueda ser, vale muchísimo menos que el recuerdo que deja, después de muerto, en el corazón de los demás.

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  5. Joaquin fue el primer profesor de Matemáticas que me impresionó de verdad. Siempre había sentido gusto por la materia pero su manera de explicar la asignatura Seminario de Análisis en la facultad de Matemáticas en la UCM me sorprendió. Estaba viva en él, quien se hacía tanto las preguntas, como las respuestas.
    Siempre dispuesto a resolver dudas en cualquier parte, como a modificar su nota si era necesario.
    Tras la facultad yo también me hice profesor y asistí a varios cursos de formación en los que él era el ponente. En ellos aprendí cosas tan básicas como por qué menos por menos es más, o las maravillosas demostraciones sin palabras que ahora muestro a mis alumnos.
    Para mi siempre ha sido un profesor apasionado. Un ejemplo a seguir que ha dejado huella en mi.
    Mas adelante me invitó a formar parte del Comité del Concurso de Primavera y vi la energía que nos infundía al resto para organizar las pruebas y solventar los variopintos incidentes que surgían en su gestión. De nuevo, un ejemplo a seguir.
    Sinceramente, le echaré de menos porque su pasión es la que siempre me ha motivado en mi docencia.
    Adiós profesor, compañero y amigo, nunca te olvidaré.

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  6. Un compañero fantástico. Un entusiasmo por la enseñanza y por las matemáticas que transmitía de la manera más humilde y honesta imaginable. Para recordar siempre.

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  7. Una excelente persona y profesor, envidiable su manera de dar clase y transmitir su pasión por las matemáticas. Todo un ejemplo a seguir. Guardo un gran recuerdo desde hace aproximadamente 10 años que me dio clase en la facultad.

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  8. Joaquin, compañero, amigo, maestro, genio, que afortunada me siento por haber podido conocerte. Un solo año compartimos departamento y en tan poco tiempo cuanto pude aprender de tí. Ahora me arrepiento de no haber compartido más tiempo contigo en este ritmo imparable de vida que nos arrastra…
    No hay palabras que describan la fortaleza con la que afrontaba su día a día en el instituto obviando su enfermedad. Personas como él no deberían de irse nunca… porque hacen mucha falta en este mundo y sobretodo en las aulas!
    Siempre en mi corazón

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  9. Yo, de mayor, me conformo con inspirar a mis alumnos 1/n (con n grande, grande, grande y 1/n por tanto chiquitito) de lo que él me inspiró a mí como estudiante. Hace justo ahora 20 años fue mi profesor de Análisis Matemático al empezar la carrera y descubrí a una persona que transmitía y contagiaba su pasión por las matemáticas. Disfruté, mucho, de sus clases.
    A partir de ahí, me metió el gusanillo y la idea de hacerme profe me fue rondando la cabeza hasta que en 2004 me dejó que hiciera las prácticas de enseñanza con él. Fueron dos meses y medio fascinantes a su lado. Aprendiendo del mejor. Sus clases de Bachillerato, las de la ESO,¡¡¡su Club de Matemáticas!!!, las conversaciones con él… Creo que jamás aprendí tanto como a lo largo de esas semanas.
    Después y ya siendo yo profesor de instituto, siempre era un placer hablar un rato cuando coincidíamos en mitad de ese fantástico tumulto que es el Concurso de Primavera.
    Decía, y sigo diciendo, que quiero ser como Joaquín Hernández. Es un modo de hablar porque amigo, eres único e irrepetible.
    Muchas gracias por todo. Intentaremos estar a tu altura.

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  10. Joaquín vino al instituto de HARO después de ganar las oposiciones a catedrático. Era profesor agregado en Logroño y no quería dar clases de asignaturas “afines”, por eso hizo las cátedras. A veces fue rebelde, pero nunca tuvo un mal gesto con aquellos a los que se enfrentaba.
    Aquí coincidió con Consuelo y nació nuestra amistad. Rápidamente consiguió el respeto, la admiración y siempre el cariño de todos.
    Lo mismo iba de “pinchos” por la “Herradura” proponiendo o explicando curiosidades matemáticas en las servilletas, que organizaba las sesiones del cine-club o preparaba alguna travesía por el Pirineo con alumnos de toda condición académica. Lo mismo escribía carteles contra la entrada en la OTAN que organizaba concursos para las actividades que se hacían por Santo Tomás (acertijos matemáticos, competiciones de ping-pong (en tiempos estuvo federado y una vez “fue mesa”)). Lo recuerdo sobre el escenario concursando en una versión casera del “Si lo sé no vengo”.
    No conducía pero asistía a toda clase de actos culturales, académicos, etc. Su vida era un no parar pero todo era compatible con trabajar en su oficio el doble que la media. El precio era el sueño. Dormía poco, pero se quedaba dormido en el coche en cuanto arrancabas, en el tren, en el sofá nada más sentarse,….
    En la parte de la memoria donde se juntan recuerdos y sentimientos siempre estarán los días del Pirineo con Javier, con Faustino, la Semana Santa en Sevilla en su casa, con sus padres y sus hermanos, los días compartidos con Luisa, Alicia y Pedro.
    Gracias por todo
    Consuelo Navarro y Tomás Virgós

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  11. Conocí a Joaquín en ESTALMAT cuando debía de tener unos 12 años. Desde entonces, Joaquín siempre ha sido un ejemplo a seguir para mí. Ha sido al mismo tiempo una persona y un profesor excepcional: siempre generoso, siempre divertido, siempre desbordante de energía, siempre optimista, siempre apasionado. Me es muy difícil plasmar en palabras todo lo que Joaquín representa para mí, pero desde luego no sería la misma persona si no lo hubiese conocido. ¡Qué suerte he tenido de conocerlo! Gracias, Joaquín, nunca te olvidaré.

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  12. Tu sonrisa cuando nos reconocíamos tras años sin vernos, alguna vez en la facultad. Acelerado y pendiente de todo. Me chivaste un día qué tal cierto concurso de mates. Desprendías cariño y yo ahí lo sentí.

    Me enseñaste quién gana, si e^pi o pi^e. Y a sentir pasión por lo que tan feliz hoy me hace, las matemáticas.

    Besos allá donde estés. Gracias.

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  13. Respeto, admiración y cariño son sentimientos que Joaquín suscitaba entre quienes le conocíamos. Su enorme capacidad de trabajo, cercanía en el trato y otras muchas cualidades son bien conocidas, así que añadiré algo más personal.
    Él fue quien me animó a solicitar una plaza de Asociado a tiempo parcial en el Departamento de Análisis Matemático. La obtuve, y eso nos llevó unos años después a compartir el despacho 324 en la facultad de Informática, donde impartíamos clases. Coincidíamos algunas tardes trabajando en nuestras mesas enfrentadas. Una de esas tardes él estaba preparando problemas. De vez en cuando me preguntaba qué me parecían algunos de ellos. Recuerdo que le dije que muy adecuados. Joaquín respondió » Voy a pulirlos un poco para que, además, sean interesantes».
    Hasta siempre querido amigo.

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  14. Fui compañero de Joaquín en el Departamento de Matemática Aplicada de la UCM. Echo en falta su trato directo y sincero que alegraba las veces que coincidimos. Teníamos gustos comunes, entre ellos nuestro amor por los libros, por cualquier tipo de libros. Hacia 1992 tuvo que desprenderse de algunos al remodelar los fondos de su biblioteca. Desinteresadamente me regaló un ejemplar de las “Ecuaciones Diferenciales, Aplicado a la Física y Técnica“ de su abuelo político Pedro Puig Adam. Hoy día es una joya entre los bibliófilos, especie no protegida en vías de extinción.
    Se disculpó por faltar algunos cuadernillos en ese ejemplar de una postrera edición que con tanto esmero cuidaban los herederos de Don Pedro, como era conocido por sus alumnos. Con su gentileza habitual, Joaquín completó como pudo las páginas que faltaban.
    Sirve esta anécdota para ilustrar la bonhomía de Joaquín y mi cariño a su recuerdo.

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  15. Mi familia ha sufrido por triplicado la pérdida de Joaquín. Él impartió en la Facultad de Matemáticas de la UCM la primera asignatura que aprobó mi mujer, Belén, quien quedó entusiasmada, no por el aprobado, que también, sino por sus clases. Tras acabar la carrera, Belén recibió clases de Joaquín dentro del curso de Experto en Educación Matemática. Profesores de mucho renombre impartieron clases en dicho curso, pero Belén sólo salía cautivada de las de Joaquín.Desde que Belén obtuvo su plaza de profesora de instituto Joaquín le brindó su amistad inquebrantable, le aconsejó, y le regaló centenares de los libros de los concursos para que le ayudara a distribuirlos en los institutos.

    Años después nació nuestro hijo Álvaro, de cuya afición por las matemáticas Joaquín es co-culpable. Nos preguntaba con frecuencia: ¿qué sabe ya hacer Álvaro? Y tras escuchar nuestra respuesta encontraba problemas que estuvieran a su alcance pero, a la vez, le obligasen a pensar mejor. Disfrutaba más que nosotros cuando Álvaro resultaba premiado en alguno de los concursos a los que le animaba a presentarse. Todavía tengo grabada la exultante expresión de su rostro cuando le comunicaba algunos de sus buenos resultados en los concursos.

    Yo le conocí en la facultad cuando pusimos en marcha, junto con Miguel de Guzmán, María Gaspar y Pepe Carrillo, una asignatura diseñada para aprender, en palabras de Miguel, a hablar, demostrar y resolver en matemáticas. Joaquín propuso multitud de problemas cuya resolución requería entender bien las cosas, …., y un poco más. Sus alumnos aprendieron mucho, y yo también. A título de ejemplo me enseñó pruebas muy elegantes de que el número pi es irracional y de que para cada entero m y cada número real no nulo a, la función x^ne^{ax^2} no admite primitiva elemental. Aprovecho para deciros que Joaquín era un buen matemático. No sólo fue un extraordinario docente; ¡discurría muy bien y tenía muy buenas y fértiles ideas!

    Joaquín ponía un entusiasmo incomparable en todo aquello en lo que se involucraba, tuviese o no que ver con las matemáticas. ¡Había que verle disfrutando del hallazgo de un buen vino que, por supuesto, compartía en su casa con sus amigos en las estupendas veladas que preparaba junto a Luisa!

    Para acabar. Como muchos de vosotros tengo el correo electrónico distribuido en buzones para poder localizar qué tiene que ver con quién. El de Joaquín no lo eliminaré nunca.

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  16. Ni Joaquín ni los que fuimos sus alumnos del grupo A de 1º de Análisis matemático y Seminario de análisis en la Facultad de Matemáticas de la UCM, en el curso 1976/77, olvidamos la especie de no intencionada novatada que le hicimos en su primera clase. Muchos años después lo seguíamos recordando con humor en comidas compartidas con Joaquín en el comedor de profesores de nuestra facultad de Matemáticas.

    Lo normal es que sean los alumnos los que padezcan las novatadas y de hecho a nosotros nos habían hecho una unos cuantos días antes. Así que cuando vimos entrar por la puerta del estrado de aquella gélida aula de la facultad de Biológicas («la nevera») a aquél personaje en vaqueros, con sus rizos, gafitas, un cierto aire de timidez, andares peculiares y aspecto en definitiva de estudiante de último curso de carrera, todos pensamos: “ ¡Venga ya, otra novatada!” y aunque empezó su clase con su entusiasmo característico, no le hicimos ningún caso… hasta que el pobre Joaquín, tras un buen rato, ¡sin asomo de enfado!, paciente y sorprendido, nos dijo: «¡Pero hacedme caso que soy el profesor! ¿Es que Fernando no os avisó de que hoy vendría yo?». Y no, el profesor de teoría no nos había avisado del LUJO de PROFESOR que nos daría las clases de problemas. ¡Y qué pena las clases de Joaquín que perdimos por los meses de la huelga de penenes de aquél curso!

    Con su entusiasmo, dedicación y cercanía consiguió transmitirnos su pasión por el Análisis y se ganó nuestro reconocimiento como AUTÉNTICO PROFESOR.

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  17. ¡Hombre!, por esta vez vamos a permitirnos la libertad de que, demostrado que llevamos 42 años seguidos sin olvidarnos de Joaquín, «por inducción» concluimos que en efecto nunca nos olvidaremos de él. Sí, yo también fui alumno de Primero en aquel Curso 76-77, y lo recuerdo como si fuera ayer …

    Habitualmente decimos que los profesores mejoran con la edad, gracias a la experiencia acumulada con los años. En cambio, con lo que vi primero como alumno suyo, y mucho más tarde como compañero en la Facultad, llegué a la conclusión de que lo mejor de Joaquín es que no cambió nunca: afrontaba cada curso, y el trato con el nuevo grupo de alumnos, con la misma ilusión y ganas de hacerlo bien, que aquella primera vez.

    Me da pena no poder «colgar» aquí las hojas «corregidas» de problemas que, a pesar de que no contaran para nota, nos devolvía con sus comentarios y correcciones. Y es que cuando, modestia aparte, los problemas estaban bien, los cruzaba con alabanzas desmesuradas marcadas tan en rojo, que a quienes llegábamos casi imberbes a la Universidad, nos subían la moral por las nubes. Ello acompañado por comprensivos «¡Hombre!» allí donde se había escapado un para todo, donde debía haber un existe.

    Y apostaría a que 42 años después seguía corrigiendo las entregas del mismo modo. Yo os llevo ventaja en que, a título personal, ya homenajeé doblemente a Joaquín, muy pocos días después de su viaje al infinito. En primer lugar, dedicándole mi siguiente clase, que por fortuna me salió bastante bien; y en segundo lugar, proponiendo a mis alumnos unos «ejercicios especiales», a partir precisamente del problema con el que «me di a conocer» a Joaquín, resolviéndolo con una rapidez sorprendente para él, que luego le confesé que no tenía especial mérito, pues ya había resuelto previamente el problema, en las Olimpiadas Matemáticas de aquel año. Por cierto, se trataba de demostrar que el producto de 4 naturales consecutivos, siempre es múltiplo de 24. Yo ahora se lo compliqué a mi alumnos, generalizándolo a n y n!.

    Espero que desde donde se encuentre haya podido disfrutar con las soluciones variopintas que encontraron varios de mis alumnos, así como con el compendio final, con el que traté de enlazar y relacionar todas ellas, y alguna más. Como se dice aquí arriba: «a ver si encuentro tiempo para terminar de ponerlo en limpio» y lo puedo publicar en alguna parte, manteniendo la dedicatoria a quien sin duda fue uno de mis mejores profesores, y sin lugar a dudas el más entusiasta y cautivador. Los problemas interesantes, como decía Joaquín, no son necesariamente los más difíciles, sino aquellos que nos abren a múltiples formas de resolverlos, que destapan inesperadas conexiones entre ellas.

    ¡Hasta siempre, Joaquín, nos vemos!

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  18. Conocí a Joaquín Hernández en el noventaypocos. Yo era alumna en el San Juan y ese año llegó un nuevo profe de mates. Nunca había sentido yo especial interés por las matemáticas, a decir verdad, pero ese año fue distinto. Joaquín llegó, desbordando entusiasmo. Entraba en el aula, nos hacía reír, nos hacía pensar, nos hacía inventar y nos animaba a participar con cualquier aportación, por pequeña que pareciera. Siempre valorando lo que hacíamos, celebrando nuestra participación. Conseguía que unos cuantos, adolescentes que éramos, nos despertáramos a horas intempestivas de la mañana para ir al Club de matemáticas. Gracias a él conocí la belleza de las matemáticas y aprendí a amarlas. Gracias a él fui a concursos y olimpiadas. Gracias a él empecé la carrera de mates en la Complu. Aunque desafortunadamente, no coincidí con él en la facultad todo lo que me habría gustado. Con el tiempo, fui dejando las matemáticas para dedicarme a otras cosas. Pensando que estarían ahí siempre, esperándome. No me di cuenta lo unidas que estaban para mí las matemáticas y la figura de mi profe Joaquín. Cuando yo pensaba en volver a hacer mates, sin dudarlo pensaba en Joaquín, en aprender todo lo que pudiera de él. Él era mi guía en mi plan imaginario de dedicarme algún día a las matemáticas. Y ahora no está. He llegado tarde, tardísimo. Y me queda tanto que aprender! Me he arrepentido de pocas cosas en la vida, pero me arrepiento tanto de no haber aprovechado más el tiempo que tuve para estar con él. Siento que le defraudé, aunque en realidad me he defraudado a mí misma. En mis idas y venidas, Joaquín nunca me mostró decepción. Siempre aceptación. Con la positividad que caracteriza al mejor mentor, al mejor maestro, que siempre seguirá siendo para mí. Gracias Joaquín, gracias por tanto.

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  19. Joaquín, profesor y maestro de los pies a la cabeza. La primera vez que coincidí con él fue como alumna suya en mi primer año de carrera universitaria. Mis comienzos en la facultad fueron desastrosos y, a pesar de tener clarísima mi vocación por la enseñanza de las matemáticas, esto generó en mí grandes dudas de mis posibilidades para ser capaz de seguir con la carrera adelante. Gracias a Joaquín, sus maravillosas explicaciones, su cercanía, su paciencia y sobre todo su confianza en mí, no tiré la toalla y hoy en día disfruto de esta apasionante profesión.
    Unos años después me volví a reencontrar con Joaquín cuando acompañé a mis alumnos a la primera edición del concurso de primavera y desde entonces no fallamos a esa gran fiesta de las matemáticas. Muchas gracias también por la ilusión y esfuerzo que puso en que esta locura saliera adelante.

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  20. Conocí a Joaquín cuando me hice cargo de la coordinación del título de Experto en Educación Matemática de la UCM, hace ya bastantes años. La asignatura que él impartía siempre fue de las más demandadas por su cercanía con la práctica de aula y por la originalidad y creatividad de los temas y demostraciones.
    Según lo fui tratando más, se convirtió en una persona de referencia para hablar sobre los problemas de la educación secundaria y sus posibles soluciones. Recuerdo bien una charla que dio en la cuarta edición de la Escuela Miguel de Guzmán sobre cómo deberían ser, en su opinión, las pruebas de acceso a la Universidad.
    Joaquín participó desde el principio en la docencia del Máster de Formación del Profesorado de Secundaria de la UCM, primero como parte de su dedicación de asociado en el Departamento de Análisis Matemático, luego como colaborador honorífico. La lista de temas que él elaboró para la asignatura que compartimos junto con otros profesores, es la que hemos utilizado en estos años. En ella aparece lo que Joaquín consideraba que debía conocer un futuro profesor de Matemáticas de Secundaria.
    Muchas gracias, Joaquín, por tu entusiasmo y enorme dedicación a las Matemáticas y a su enseñanza. Te echamos de menos pero tu legado está muy presente.

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  21. Te conocí en Haro (La Rioja) en la década de los 80 en el instituto y nunca paraste de sorprenderme con tus juegos matemáticos con una caja de cerillas, con tus chascarrillos irónicos del Real Madrid contra su acérrino rival catalán, tu amor a la música (nunca olvidaré el viaje que hicimos de dos días en mi R5 a Barcelona solo para oír en vivo en la plaza de la catedral a Luís Llach) ni tampoco nuestro viaje a la Feria de Sevilla con la consiguiente tabarra que dimos a tu familia, sobre todo a tu dulce y deliciosa madre que nos trató, a pesar de nuestro escandaloso horario, como si fuéramos parte de la familia, en fin, pero sobre todo nunca olvidaré cómo te volcabas con los alumnos, tu interés por que gozarán de tu asignatura, cómo te esforzabas para que la entendieran, cuántos recreos perdiste y cuántos cafés quedaron fríos en el mostrador del bar por no dejar en la estacada a un alumno, por muy torpe que fuera. Qué gran profesor has sido siempre, cuánto amor desprendías cuando hablabas de números, ecuaciones, incógnitas…, qué gran persona, simpática, risueña, generosa, solidaria has sido…, qué placer y qué lujo haberte conocido…

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  22. Mi marido Paco y yo conocimos a Joaquín en 1976, cuando éramos estudiantes de primer curso en aquel 1ºA de la Facultad de Matemáticas de La Complu, en el que Joaquín se inició como docente, impartiendo clases de Análisis Matemático y Seminario de Análisis. Era el más joven de nuestros profesores y sin duda el mejor. Yo creo que es uno de los principales responsables de nuestra «afición» por el Análisis Matemático.
    Nos encantaba su divertida forma de dar clase, su infinita amabilidad y su manera de corregir los problemas que le entregábamos, alabando efusivamente los aciertos y siendo condescendiente con los errores. Pero lo que más importante es que Joaquín no solo nos enseñaba y nos transmitía entusiamo. Sobre todo NOS QUERÍA, y se le notaba mucho. Era tan entrañable, que siempre me siguó llamado Alfonsi (como me llamaban entonces mis amigos más cercanos).
    Cuando, en 1999, nuestra hija Beatriz se presentó por primera vez al Concurso de primavera, nos llevamos una gran alegría al encontrarnos con él en los pasillos de la Facultad aquel sábado primaveral convertido en una gran fiesta matemática, como a él le gustaba decir. Nuestra alegría fue casi tan grande como la emoción de Joaquín con los resultados obtenidos por Beatriz. Ella también quedó entusiamada y siguió participando en el concurso todos los años hasta acabar el bachiller.
    Llevo muchos años dando clase, intentado «imitar un poco» a Joaquín. Pero además de su forma de enseñar también me gustaría ser capaz de imitar su optimismo vital. Siempre destacando el lado positivo de todo.

    La huella que Joaquín ha dejado en todos nosotros es imborrable.

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  23. Joaquín es un fuera de serie, que dejó huella, a la vista está, en todo aquél que tuvo la fortuna de conocerle.

    Joaquín cambió mi vida, personal y académica. Me dio clase en el Instituto de Haro, en La Rioja, en 2º de BUP, en el curso 1985/86. Yo estaba deseando irme hacia letras, pues odiaba las matemáticas. Joaquín hizo algo casi imposible. Me motivó, con su fuerza, su garra, su energía inagotable, me hizo disfrutar de las matemáticas, me dio confianza en mi misma, en todas las materias, incentivó mi amor propio y conseguí estudiar una carrera de ciencias.

    Joaquín era admirado y querido no solo por todos los alumnos, incluso por aquéllos que no gustaban tanto de las matemáticas, a quienes respetaba y alentaba igualmente, sino también admirado por sus compañeros de profesión, hasta tal punto que, en mi caso, quienes tomaron su difícil relevo, pudieron mantener la llama que Joaquín había encendido, no solo en mi, sino en todo el instituto.

    Joaquín es una de esas personas únicas que, por encima de intereses individuales o materiales, con la humildad del más grande, hacen que mantengamos la energía y el espíritu para luchar por una sociedad que, gracias a hombres como él, merece la pena.

    Por todo ello, su pérdida es muy grande, irrecuperable, pero por todo ello mismo, también, siempre estará vivo, en su familia, en el mundo matemático, en el corazón de todos los que le conocimos y en toda nuestra sociedad.

    GRACIAS, SIEMPRE, JOAQUÍN

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  24. Yo me salgo del merecido reconocimiento que como profesor y matemático se rinde a Joaquín en este blog.
    A lo largo varios años tuve la suerte de compartir con Joaquín su gran afición y amor por la montaña.

    Especialmente por el Pirineo oscense. Durante ese tiempo, en los veranos que pasábamos en Benasque, hacíamos múltiples excursiones que, independientemente de si terminaban en una cumbre o en un lago, siempre me permitían disfrutar del buen humor y fuente inagotable de anécdotas que era Joaquín.

    Estas excursiones, en muchas ocasiones de tipo familiar, las compartíamos Mª Jesús mi mujer, con Luisa y un grupo numeroso de personas, haciendo de los veranos pirenaicos una época deliciosa e irrepetible. Durante esos años hemos visto pasar a Pedro y Alicia de niños a adultos.

    Recuerdo por ejemplo, una subida familiar al Pico de Mulleres, que Joaquín se encargó de amenizar con una botella de cava en la cumbre. O bien alguna de las numerosas travesías entre valles que a él le encantaban, y que a veces acababan en medio de una tormenta veraniega, como la que nos sorprendió en el circo de Batisielles, bajando del collado de la Plana. Incluso recuerdo a Joaquín y Luisa, ambos en pantalón corto, en pleno mes de agosto bajo una gran nevada, subiendo al lago de Llardana.

    Posteriormente nosotros dejamos de pasar los veranos en Benasque y coincidíamos con menos frecuencia, aun así, hemos seguido contando con Joaquín y Luisa como nuestros amigos. Ellos formaban una pareja estupenda de la que no quieres desvincularte en ningún caso.

    Es difícil expresar con palabras que hace que una persona sea especial y despierte sentimientos de afecto en todos los que le tratan. Joaquín reunía todos los ingredientes para conseguir lo anterior de la forma más natural.

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  25. «Partimos cuando nascemos
    Andamos mientras vivimos»

    En estos días de homenaje, Luisa nos ha envíado la dirección del blog y nos ha dado la oportunidad de escribir sobre ti, profesor y amigo.

    Yo, que de teoremas,de pi o de infinito sólo me atrae la fonética, quiero recordarte como buen caminante, que hace camino y deja atrás sus huellas. Porque lo tuyo siempre ha sido andar, andar con la mirada siempre hacia adelante, hacia la cima, atravesar los valles y montañas de la vida. Caminante que no se detiene.

    Y por fin llega el descanso. Ninguno de nosotros olvidaremos esos momentos de sobremesas interminables con él, con Luisa, con los amigos, con todos nuestros hijos. Las risas; los chistes de adolescentes que tanto te gustaba contar, o como nos explicabas fácilmente lo difícil de algún problema, las charlas de mil temas , siempre con la curiosidad del que busca una respuesta.

    Mas al fin, eso es lo que permanece, son las huellas.

    Ya sabes, Joaquín, los poetas nos ayudan a encontrar la respuestas . Por eso, nada mejor que estos versos de Ángela Figuera como despedida:

    «Traspasa quedamente la frontera.

    Pues nadie sabe nada de los días
    que se nos van y luego se deshacen
    en polvo y sombra. Nadie sabe nada.»

    Guille

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  26. Joaquín fue mi profesor en las sesiones de Jubilados de Estalmat, entre 2012 y 2015. Por aquel entonces, tan solo le mostré mi agradecimiento con mi asistencia constante y algún que otro «gracias, hasta el mes que viene». Desde luego, se queda corto para una persona que se dejaba el alma en cada clase. Recuerdo las clases casi enteras, en orden cronológico, con las historias que contaba sobre Tartaglia y Cardano, o las peripecias del número pi.

    Pero la lección que más me marcó de las que tuve la suerte de recibir, me la dio durante el descanso que teníamos en medio de las tres horas de clase, cada sábado. Joaquín se sentó en su silla y suspiró, cansado, como si se hubiera quedado sin fuerzas. Solo fue un instante, porque inmediatamente recompuso la sonrisa y se golpeó el cuerpo, haciendo sonar el corsé que le ayudaba a mantenerse erguido durante la clase, y acompañando el gesto de una broma. Para él, valía la pena aguantar lo que hiciera falta por poder seguir transmitiendo la pasión por las matemáticas. Como quería demostrar.

    Probablemente sea la persona que menos conocía a Joaquín de los que estamos escribiendo aquí, pero quería aprovechar la oportunidad para mostrar mi agradecimiento, ahora que han pasado los años. Fue una de las personas que me ayudaron a decidir que realmente quería estudiar matemáticas. Aún hoy aprendo de él, cada vez que tengo que explicarle un concepto a alguien, o cada vez que me cuestiono por qué escogí este camino. Y como era un gran maestro, no me cabe duda de que a través de su recuerdo, seguirá enseñándome durante muchos años. Gracias, Joaquín.

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  27. Año 1985…Haro, Joaquín… MI PROFESOR de Matemáticas… un curso….. un solo curso tuvimos la suerte de disfrutar de sus clases, un solo curso….»punto de inflexión»!!. Lo estoy viendo llegar por el pasillo con su bata blanca… oigo «chasquear» sus dedos mientras va llegando… llega a clase, «ejem, ejem»…… es el MEJOR!!!

    El me hizo mejor, hizo que confiara más en mí e hizo creerme que yo podía!!! Y pude!!!! Hizo que las cosas más complejas fueran más sencillas….. Los concursos de Santo Tomás… todavía me acuerdo, ‘Cada semana un problema’ que colgaba en el tablón, problemas que esperábamos muchos de sus alumnos con ansia…

    Momentos…..clase, Batalla del Vino, Herradura… año intenso e importante en mi vida. …Consuelo, Tomás, Felipe, Marino, Luismi,….Mercedes, Ainhoa, Raquel, Rodolfo, Elena, Araceli,……y muchos más. GRACIAS por tu pasión por las matemáticas que tendían al infinito, por haber aportado tanto a la ciencia y a la sociedad, GRACIAS por tu pasión por la vida, GRACIAS por tu amistad, por tus ánimos, por haberme escrito tantos problemas «para no perder la costumbre» decías…(no estoy segura si resolví todos.. jajaja…quizás me ponga a intentarlo).

    UN ABRAZO ENORME A SU FAMILIA. SIEMPRE EN NUESTRO CORAZÓN! GRACIAS POR TANTO!!!!

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  28. ¡¡¡Hombreee!!!! «que bien la puerta abierta»
    Todos los días, nos saludabamos en el departamento de la misma forma y a la misma hora,
    «No tengo que buscar las llaves, que gusto!!!
    «He resuelto el problema de ayer, que te parece……..»
    «Hoy tengo uno para ti…….»

    Solo quiero decirte una cosa y es darte las gracias por abrirme las puertas de tu amistad, cariño y las ganas de vivir todos los días, un abrazo enorme para ti y toda tu familia.
    Gracias Joaquín.

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  29. Lo primero que me demostró Joaquín fue que no me equivoqué al estudiar matemáticas. Luego ya vinieron los teoremas. Menos mal que me lo encontré el primer año. Siempre lo tendré como el gran profesor que tuve en la carrera.

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  30. Varios años compartiendo centro pero nunca compartimos un grupo de alumnos. Mala suerte para mí porque sé que Joaquín siempre sacaba lo mejor de todos ellos.
    Cuando pienso en él, lo recuerdo con una sonrisa. ¡Siempre la llevaba puesta! Y eso no es algo que se pueda decir de todo el mundo.
    Ojalá siga sonriendo donde quiera que esté.

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  31. Hay una historia que a nuestra clase del San Juan nos dejó alucinados. Habíamos hecho un examen, y Joaquín nos lo tenía que devolver pero se lo dejó en casa. Estábamos un poco atacados con saber las notas y Joaquín nos dijo que bueno, que nos podía decir las de alguna gente porque se acordaba… Y una por una recitó las notas de toda la clase. Aparte de que no sé quién tiene una cabeza en la que quepa esa información, me parece que esta pequeña historia deja muy claro hasta qué punto le importábamos todos y cada uno.

    El año pasado unos cuantos alumnos escribimos sobre Joaquín para convencer a una empresa de que merecía un premio. A Joaquín le gustó lo que escribí, así que lo voy a dejar aquí por si a alguien más le gusta: https://bit.ly/2UA8K0J.

    Muchísimas gracias por todo, Joaquín. No tengo palabras para empezar a explicar cuántas cosas me has enseñado. Si no fuera por ti, yo no me creería capaz de dar una clase de matemáticas. Has dejado una huella indeleble que alcanza a muchísimas personas.

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  32. Conocí a Joaquín primero como alumno, ya que me dio clase de Seminario de Análisis en mi primer año de carrera de Matemáticas en la Complutense. Años después, con la intermediación de amigos comunes, contacté con él a causa de una idea que tenía para un librillo de acertijos matemáticos, lo que me permitió conocerle en persona y pisar por primera vez el que años después se ha convertido en mi lugar de trabajo: el IES San Juan Bautista. Joaquín, como siempre fue, estuvo muy receptivo y cordial y me dio un par de muy buenos consejos.

    Cuando tuve la suerte de ser destinado al San Juan, fui allí a presentarme y mi reencuentro con él tuvo un sabor agridulce. Por un lado, me sorprendió que se acordara de mi apellido: “¡Hombre, Roldán!” al tiempo que le decía a Rosa, la directora, que me estaba enseñando el centro, que yo era un buen matemático (dicho por él, un listón muy alto, cuando yo me sabía bastante “oxidado” por tantos años de impartir sobre todo clases en la ESO). Pero por otro lado, fue en ese momento cuando supe de su enfermedad, noticia que me entristeció, primero por la lógica preocupación por su salud y segundo porque para mí uno de los alicientes de trabajar allí era hacerlo a su lado.

    Pero llegó septiembre y ahí estaba él, dispuesto para la tarea. Durante los tres años que compartimos además de lo que ya sabía, que era un gran matemático y un excelente profesor, comprobé que era aún más extraordinario como persona. Casi siempre que en el recreo me acercaba al departamento lo encontraba allí: «¿Qué tal, hijo?». Y cualquier cosa que a uno le pudiera pasar parecía pequeña al lado de la tremenda lucha que él mantuvo, contra la enfermedad pero sobre todo, diría, a favor de la vida. Incluso los días que se encontraba peor o con los aspectos de su salud más engorrosos sabía afrontar las cosas con humor. He bromeado mucho con Joaquín, incluso cuando hablaba con él durante sus últimos meses (en los que yo intentaba arrancarle la sonrisa con algún comentario), y eso, junto a sus tremendas ganas de vivir, supone un recuerdo imborrable. También siento que debería haber aprovechado más mi tiempo con él, haberle conocido más y haberme abierto yo más a él.

    Durante varios años me encargué de colgar en la página web los problemas que él preparaba para el Club de Matemáticas y recuerdo sus hojas primorosamente escritas a mano y su preocupación porque los chicos no se animaran más a hacer los problemas. También recuerdo con qué pasión se levantaba en las reuniones de departamento a escribir en la pizarra cualquier aclaración o sugerencia de cómo se podía explicar algunos de los conceptos. Y es que si en otros centros las reuniones de departamento se convertían en un asunto casi burocrático, en las del San Juan siempre se ha hablado también de Matemáticas. Y, por supuesto, su chorro de voz, el último año yo le decía que, mientras al pasar por el pasillo, le escuchara ese tono de voz tan vital, es que la cosa iba bien.

    Justo ayer fue el precioso homenaje que algunos de sus amigos le organizaron con tanto cariño en la Complutense. Fue la ocasión de saber aún más cosas de su vida, de conocerle y admirarle aún un poco más y recibir de sus manos una última lección de vida. Gracias, Joaquín, nos hiciste (y nos sigues haciendo) a todos un poquito mejores.

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  33. Fuero sólo dos años los que coincidimos, mi mujer Conchita y yo, al principio de los 80 con Joaquín en el instituto Hermanos D`elhuyar de Logroño. Aquellos dos años fueron sólo el principio de una maravillosa, profunda y larga amistad.
    Recuerdo aquel profesor joven de matemáticas, con aire de científico un poco despistado, con el cual pronto coincidimos, y pronto descubrimos, que era científico, pero no era despistado. Su preocupación por la enseñanza, su magnífico sentido del humor, su interés por la Rioja y “El Rioja”, su simpatía… nos hicieron establecer una relación amistosa muy rápida y muy sincera con Joaquín; pero realmente fue la Montaña, el Pirineo, donde se inició esta amistad profunda y duradera con Joaquín y los suyos, que siempre permanece.
    Joaquín pasaba veranos enteros en el pirineo, los recorría de Irún a Portbou y viceversa año tras año. Allí el encontraba su oasis, y” recargaba las pilas” para el curso próximo. Un año decidimos ir con él 15 días, y nos reencontramos con la magia de la montaña, ya fue inevitable, todos los veranos reservábamos 15 días de verano, para ir con Joaquín al Pirineo. Fueron siempre días maravillosos, allí y año tras año, fue donde labramos nuestra enorme amistad , y donde año a año, se fue consolidando, y el círculo se fue ampliando a las nuevas personas que iban apareciendo en nuestras vidas.
    Primero llegó Luisa, su mujer, esa maravillosa compañera que tan importante y fundamental ha sido para Joaquín durante toda su vida, y con la que de una forma natural, establecimos y ampliamos la relación amistosa que teníamos, relación que se ha ido ampliando y consolidando, y que siempre permanece.
    Después vinieron los niños, Javier y dos de Joaquín y Luisa, Alicia y Pedro. Tres niños excelentes, que entre sí se llevan maravillosamente, y que durante tantos veranos, han vivido como hermanos y hoy día a pesar de los años pasados y las diferentes vicisitudes de la vida, se quieren y los queremos como tales.
    La pérdida de Joaquín ha sido, por lo tanto, para todos nosotros algo muy doloroso y muy difícil. Es cierto que nos consuela pensar en el legado que nos ha dejado su enorme humanidad y el ejemplo de su vida.
    Joaquín fue siempre un hombre amante de la vida y cada momento lo disfrutaba; contagiaba su entusiasmo, siempre optimista. Aparte de su enorme honradez vital e intelectual, su grandísima capacidad de análisis, lo aplicaba a su vida diaria y lograba hacer que las cosa más pequeñas y los detalles más nimios de la vida fueran lo más importantes. Y así, siempre trasmitía un entusiasmo, un disfrute de cada momento y unas ganas de vivir, absolutamente contagiosas. Por eso, cuando los diagnósticos de sus enfermedad eran negativos, nunca se hundió, siempre optimista y con ganas de luchar y vivir y así hasta el final. ¡Qué ejemplo tan maravilloso de vida y de final de su vida!
    Como todos los que hemos disfrutado de la amistad de Joaquín, nos sentimos profundamente agradecidos.

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  34. Como el linaje de las hojas, tal es también el del género humano. De las hojas, unas tira a tierra el viento, y otras el bosque hace brotar cuando florece en primavera.
    Igualmente, una generación humana nace y otra desaparece.
    Homero, Iliada VI

    Muchas gracias a todos los que habéis manifestado vuestro cariño a Joaquín en este blog.

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